El vidrio romano altoimperial en Hispania II
La tipología sobre las diferentes formas de vidrio existentes es, también, extensa, por lo que es complicado sintetizar aquí las particularidades de cada una, por lo que he seleccionado las más características, que se han encontrado en las excavaciones, en lo que a la Península Ibérica se refiere.
Los ungüentarios son recipientes destinados a contener perfumes o ungüentos, son las piezas más comunes y numerosas del mundo romano. El ungüentario globular -Isings 10- suele aparecer con el cuello roto, pues se cerraban una vez llenados y era necesario romperlos para extraer el contenido, los ejemplares más tempranos se datan en época de Tiberio a Claudio y desaparecen en el siglo II d.C. (Sánchez de Prado, 1984: 80).
Por otro lado, el anforisco -Isings 15, Isings 60- es un tipo de ánfora o botella con dos asas, bien utilizado como ungüentario o botella, muy común durante los dos primeros siglos de nuestra Era. Una de las formas más comunes fue el piriforme -Isings 6, 26, 28-, que fue evolucionando durante dichos siglos, pues el color verde-azulado se impondrá y su forma se suavizará y reducirá en algunas partes. Mientras que el tubular -Isings 8, 27-, muy numeroso durante el siglo I d.C., presentaba un cuerpo muy ancho, similar al de su cuello, el candelero -Isings 82- tenía un largo cuello con un cuerpo bajo y ancho; este era muy difundido por el Mediterráneo oriental (Sánchez de Prado, 1984: 80-4).
Formas de ungüentarios (Sánchez de Prado, 1984) ¡clickar!
Las botellas -Isings 50, 51, 102-, elementos de cuerpo prismático con asas -o sin- y sección poligonal, generalmente cuadrada o rectangular, se originaron en el siglo I d.C. con el fin de servir como envase para líquidos (Sánchez de Prado, 1984: 85). Los vasos se diferencian porque suelen tener una altura que es el doble de su ancho, su formas y decoraciones son muy variadas, presentándose a partir de la segunda mitad del siglo I d.C. de manera frecuente; el vaso soplado en molde -Isings 31- era de los más caros, pues se fabricaba con la técnica del soplado en molde, permitiendo una decoración -vegetal, animal o combinado- que imitaba a los vasos metálicos repujados (Sánchez de Prado, 1984: 88).
Formas de botellas y vasos (Sánchez de Prado, 1984: 86-9)
Los cuencos -diámetro de la boca igual o inferior a su altura-eran diferenciados por su relativa profundidad; el cuenco de costillas -Isings 3- constituye un tipo muy característicos del siglo I, pues su decoración peculiar -a la que hace referencia su nombre- era en relieve y descendía desde el borde hasta el fondo, imitaban modelos metálicos de época ptolemaica (Sánchez de Prado, 1984: 90). De los tipos de copas destaca el cántharos -Isings 38-, que no parece llegar más allá del siglo I, era de vidrio coloreado (Sánchez de Prado, 1984: 93).
Formas de cuencos y copas (Sánchez de Prado, 1984: 91-4)
Entre los platos predomina durante las dos primeras centurias el de vidrio verde-azulado, que presentaba pie y paredes verticales, pero que a partir del tercer siglo será reemplazado por uno oval con pie anular y borde plegado; el plato moldeado -Isings 2- era incoloro, fabricado dentro de moldes a presión y pulidos a torno. Por su parte, los tipos de jarros más elaborados fueron usados como recipientes de mesa para el vino o el aceite (Sánchez de Prado, 1984: 96).
Formas de platos y jarros (Sánchez de Prado, 1984: 97-8)
Finalmente, quiero destacar el papel del vidrio en lo referente a los abalorios -collares, gargantillas, anillos, pulseras o pendientes- del mundo romano; la técnica del vidrio ha permitido imitar las piedras preciosas, que sólo eran accesibles a una sección muy limitada de la sociedad. Los anillos denotaban un prestigio social que simbolizaba un signo distintivo de rango, por lo que en un principio fueron privilegio exclusivo de la clase senatorial, aunque posteriormente se difundió la costumbre de llevarlo (Alonso Cerezo, 2005: 245). Los romanos adoptaron de los griegos la idea de decorar los anillos con piedras grabadas; durante la época altoimperial se empleaba la técnica de vaciado con taladros grandes de cabeza redonda, siendo los motivos decorativos muy variados (Alonso Cerezo, 2005: 249).

Anillo de vidrio (Alonso Cerezo, 2005: 277).
Entre los diferentes métodos o procesos de fabricación a través de los que se elaboraban estos adornos, se reconoce una técnica de plegado, que consistía en cañas de vidrio aplanadas y dobladas alrededor de un alambre, de prensado -la pieza a medio fundir es presionada-, soplados, perforados a mano, en espirales, etc. (Alonso Cerezo, 2005: 245).
A los medallones, por otra parte, se les puede adjudicar diferentes funcionalidades, dependiendo del contexto en el que se hallen y su tamaño; pueden servir para la decoración de muebles, formar parte de una decoración parietal opus sectile, o estar fijados sobre la coraza de una estatua (Alonso Cerezo, 2005: 248). Por otro lado, la producción de vidrio camafeo, desarrollado en época alejandrina y difundida posteriormente a Roma, consistía en grabar en relieve sobre piedras, y su práctica no duró más de una centuria (Alonso Cerezo, 2005: 253).
Medallón y entalle de anillo (Alonso Cerezo, 2005: 278). ¡Clickar!
El empleo del vidrio para la fabricación de adornos personales era una práctica muy difundida por el territorio del Imperio, además, la mayoría de los hallazgos provienen del ámbito funerario, pues han sido encontrados formando parte de un ajuar. Sin embargo, a diferencia de lo que hemos venido observando a través del estudio de la vajilla de mesa en sus diferentes materiales, es complicado adjudicarles cronologías exactas a estos objetos, pues se les suele considerar piezas pertenecientes a herencias familiares (Alonso Cerezo, 2005: 245).
En definitiva, y a modo de una pequeña conclusión de un tema con abundante información, queda sintetizar que el vidrio que se conoce durante los dos primeros siglos de nuestra Era es de lujo, e intenta imitar repetitivamente los recipientes metálicos, y en algunas ocasiones la cerámica de paredes finas -a la que sustituirá como servicio de mesa-; su influencia oriental es muy notable en los recipientes aceite (Sánchez de Prado, 1984: 99).
Bibliografía:
Alonso Cereza, E. (2005): Vidrios. Antigüedades romanas 3. Real Academia de la Historia.
Sánchez de Prado, Mª D. (1984): “El vidrio romano en la provincia de Alicante”. Lucentum, Nº 3, pp. 79-100.